Haya sido una confusión o un problema de lenguaje, Romero nos demostró el daño que un par de palabras le pueden hacer a tu victoria.

No hay forma de evitar la discusión – que aún continua – sobre lo que Yoel Romero dijo o no dijo en el octágono este sábado pasado después de su victoria sobre Lyoto Machida.

Para muchos el podría haber hablado de política, tal vez su intención era de hablar de religión o tal vez en efecto él solo estaba hablando del sueño Americano. Pero cual sea el caso, Romero le quito un poco de atención a su victoria al enviar todo el enfoque a lo que dijo en el micrófono… en vez de lo que hizo en el octágono.

Las entrevistas posteriores al combate son una gran forma de hablar de asuntos personales, pero lo más común es que se utilicen para impulsar la carrera de los peleadores. Con 30 segundos en una de las plataformas más grandes de deporte, esta es una oportunidad única para que un peleador pida a un oponente en particular o exija una pelea por el título.

Decir “quién la UFC decida poner frente a mi” es prácticamente desperdiciar una oportunidad y lo más probable es que nadie jamás recuerde “tu buena bondad“, especialmente después del comercial que mostrarán luego de tu aburrido discurso.

Romero tiene toda la libertad de creer lo que sea que haya intentado explicar al micrófono, estemos de acuerdo con él o no. Tener una opinión (sea religiosa, política, social, económica, etc) no esta mal, pero lo malo del discurso de Romero, sin importar lo que quiso o no decir, es que él desperdicio la oportunidad de capitalizarse de la victoria más grande de su carrera.

En vez de desafiar a Chris Weidman o inclusive a Jacare Souza, los comentarios de Yoel llevaron a los fanáticos y la comunidad del deporte a tratar de descifrar sus palabras. Haya estado bien o mal, Romero tiene que cuidar su boca… y esperemos que el ejemplo le sirva a futuros peleadores.

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